viernes, 12 de abril de 2013

SAN PEDRO DE ATACAMA

De Salta a San Pedro de Atacama en Chile. Descansado y un viaje de doce horas por delante. Trayecto reconocible ya que pasamos por las Salinas, excursión que me podía haber ahorrado. Después de la salina, kilómetros atravesando el desierto completamente despoblado, paisaje completamente árido, algunas llamas, contrastes de enormes llanuras con algunas montañas limadas por los vientos. Primera aduana la argentina en el centro del desierto, kilómetros y kilómetros hasta llegar a la chileña. Aquí volvemos a ver las. Instrucciones típicas de los indígenas del norte de argentina un metro de piedra y la parte superior de ladrillos de adobe, barro, paja de la zona cortada muy pequeña y chinas de piedra pequeña, secadas diez días al sol. La frontera de la misma construcción, nos bajan pues ya hemos llegado a San Pedro, cruzamos la calle y si que estamos en un pueblo detenido en el tiempo, calles de arena, donde no encontramos una construcción nueva, todas las casas de adobe, techos de troncos de árboles y ramas cubiertos de barro. Aunque todo son restaurantes, tiendas de artesanía y hospedajes se encuentran todo en las construcciones tradicionales, plaza cuadrada con la clásica iglesia, calles paralelas y perpendiculares donde al llegar la noche se cambia el sol y calor del día por el frío nocturno, cambio que también se aprecia de pasar de estar en el sol a la sombra diurna. Mucha agua, protector y gafas oscuras, para disfrutar de los paseos por este pequeño pueblo con un encanto particular aunque dirigido al turismo, su única fuente de ingresos, incluso ahora que no es época alta sigue siendo caro, pero lo merece. Lleno de lugares cercanos inimitables.

Toma de contacto del pueblo, pueblo pequeño de cuatro mil habitantes y todo enfocado al turismo, construcciones antiguas de adobe, donde todo se hace con materiales reciclados, ramas, Barros y piedras, incluso las reformas de los restaurantes y tiendas se hacen como se hacían antes y utilizando todo lo que se tiene a mano. Me apunte a la excursión para el día siguiente por la tarde para visitar el valle de la luna y el valle de la muerte. Automáticamente se cambió el reloj del móvil por lo que después de estar todo el día para la salida, llegue una hora tarde; afortunadamente me la cambian para otro día por lo que me quedaré un día más. Lo cierto es que no me importa lo más mínimo, es un lugar que me va cautivando y en el que no me importaría pasar una temporada, como un hostel de todo el pueblo, todos turistas la mayoría mochileros, incluso ahora que es temporada baja esta todo lleno, los nieve meses de temporada alta me han dicho que es una locura.

Por fin camino a una excursión, primera parada la cordillera de la sal, cordillera que atraviesa el desierto de Atacama, con unas vistas impresionantes. Continuamos al valle de la muerte, valle que bautizo un religioso belga que fue quien estudio toda esta zona y a los indígenas. El bautizo el valle de la luna y el de la muerte, aunque según dicen podría ser el de Marte, pero al no saber castellano puede que confundieran Marte por muerte. Desde allí se aprecia los tres volcanes que rodean esta zona a los que los nativos adoraban uno como la madre que los proveía de alimentos y los otros de agua, uno de ellos sigue en activo. Seguimos al valle de la luna, kilométrico, ahora parece nevado por las lluvias de febrero, aunque se trata de sal que pronto quedara cubierta por el polvo del viento. Parada en unas rocas que llaman las tres Marías, donde parecen el contorno de tres vírgenes. La cueva, un recorrido por donde hace millones de años pasaba el agua y formo una cueva interior de unos cuarenta metros, donde nos iluminábamos con los móviles ya que no nos avisaron de llevar linternas, aparte de la cueva hay que ir a cuatro paras, sobre todo llevando mucho cuidado con no dañarse la cabeza con las rocas que son salinas. No sabía que la excursión era de espeleología, sino hubiéramos venido preparados y una señora hubiera cambiado sus chanclas por zapatillas y se hubiera dejado el bolso en el autobús. Llega la hora el atardecer y es a esta hora donde nos dirigimos a la duna grande, para o preciar todo el valle y ver como van cambiando los colores de las cordilleras según se va poniendo el sol. La enorme cuesta con falta de oxígeno hasta subir ha merecido la pena. Un bonito atardecer en silencio, ya que de todos los que estábamos allí, nadie pronuncio una palabra. Me imagino que cada uno interiorizándolo de una forma y dedicándoselo a alguien en particular. Frío que tampoco se sentía por muy elevado que estuviéramos y la bajada de temperaturas se nota al ocultarse el sol. De nuevo día para reflexionar y descansar cuanto antes ya que mañana toca levantarse a las tres y media de la madrugada para llegar a las seis de la madrugada a visitar el amanecer en los Geyser del Tatio. Trayecto con mucha agua, frío y hojas de coca.

Besos mil.



































































































3 comentarios:

  1. Por el amor del Cielo, Alfonsi, estás haciendo que me muera de sana envidia -de momento es sana-. Dime una cosa... ¿Cómo se ve el cielo por la noche en Atacama?

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    1. Uf! Los colores del atardecer increíbles y las bóveda parece que puedes tocarla con las manos, aparte de ver claramente los satélites...

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