Me recomendaron llegar a La Paz de noche, intentaría que así fuera, pero sólo había un horario de autobuses y afortunadamente llegaba de madrugada. Sólo diez horas subiendo y bajando montañas pero siempre manteniendo una buena altura.
Impresionante la primera vista de La Paz. Llegamos a la parte alta donde se ven innumerables montañas hacia abajo iluminadas con las luces de las casas y alumbrado público como si de decoración navideña se tratara, ningún espacio libre para la vegetación, un pequeño mirador en una de las cumbres. De la terminal al hotel -junto a la Catedral- cuestas y pendientes de vértigo, Potosí parecía llano. Por lo menos aquí no tengo que decidir sí hago la excursión de las minas ya que no las hay. Decisión acertada la de Potosí de no visitarlas ya que se encuentran a unos mil metros más de altitud y dentro el oxígeno es protagonista por su ausencia y lo de ver en que condiciones trabajaban tampoco es plato de buen gusto, por mucho mono, casco y botas de equipamiento que te pongan, fue una buena decisión.
La toma de contacto por el centro de la ciudad fue agotadora, sube, baja, descansa con los síntomas típicos de la altitud y pulmón. Excursiones a la parte alta en taxi y bajando andando que el esfuerzo es menor. Llevo ya varios días pero sobre todo descansando, durmiendo muchas horas después de estas últimas semanas, el cuerpo lo va agradeciendo. Hotel céntrico, creo que sería un monasterio aunque dicen que era una casa, pero las habitaciones son típicas celdas de los monjes. Aquí el robo por las noches es latente aunque sinceramente me siento mucho más seguro que en Buenos Aires, siguen los grandes mercados y personas vendiendo cualquier artículo en pequeñísimos puestos o kioscos donde apenas cabe una persona en su interior. Misma mezcla de nativos y mismo respeto, alguna que otra demostración de orgullo en pequeñas cabalgatas con los coches ataviados con sus mejores galas y brillos, debe de haber algo en los brillos que les llama mucho la atención. Manifestaciones de verdad, no como las nuestras donde han demostrado que no les importamos nada, aquí hay lucha, no olvidemos que son capaces de sacar a su presidente y colgarlo en la plaza, no creo en la violencia, pero en algunos casos parece la única forma de que nos escuchen.
Valiente de mi, me informe de las calles donde venden los artículos robados por sí veía algún iPad a buen precio para escribir cómodamente y hacia allí me dirigí, dos calles llenas de tiendas de electrónica, teléfonos, cámaras de fotos y como cabía de esperar ellos solo vendían cosas nuevas, hay que venir con alguien de aquí, por supuesto es lógico y yo no paso por uno de ellos, cuestas hacia abajo hasta llegar de nuevo al centro. Por la noche era momento de acudir a algún pub, bar o sitio con música, me recomendaron uno cerca del hotel. Una casa de un primer piso habilitada en discoteca, mesas y sillas de plástico, luces de colores, pantalla de video donde se ve la música que suena y de vez en cuando la gente se levanta y baila alrededor de las mesas. Por respeto no saque muchas fotos, claro que el tipo de música no desentonaba con el local. He de confesar que disfrute de apreciar como no son necesarias grandes instalaciones para disfrutar. Sólo queda decidir el próximo destino aunque esta claro.
Momento de replantear e el viaje y la vuelta. A Judro le ha llegado el final de su estancia veraniega y de disfrute y no es cuestión de poner un cartel que diga: "busco quien me cuide por unos meses". ¡Gracias a Victor, María José, Victor hijo, Sara y Jesús! porque sin vuestra atención, cariño y paciencia hacia Judro esta aventura no hubiese sido posible. Así que es momento de retomar mi responsabilidad con él y adelantar la vuelta, toca regresar a Buenos Aires y dar por finalizada esta etapa, aunque pendiente de todo lo sembrado por si surge algo, aunque por aquí todo va muy lento y si germina algo con toda seguridad estaré allí cuando ocurra.
Besos mil.
























Vuelves?
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