domingo, 7 de abril de 2013

SALTA

Cambio de la gran cantidad de agua de Iguazú por el paisaje desértico de Salta.

A la llegada a la ciudad descendiendo por la montaña lo que se ve es un enorme valle, Valle de Lerma donde esta asentada la ciudad. Aparentemente parece una ciudad enorme por las luces como la panorámica de Murcia vista desde el Puerto de la Cadena, pero es una ciudad con el plano tradicional cuadriculado de viviendas bajas, un centro muy pequeño con un poco de arquitectura colonial, cosa que aprecie en el paseo de la mañana, casi todo visto cogí el teleférico al Cerro de San Bernardo para ver todo el valle y la ciudad. Grandes vistas desde cualquier parte del cerro, acompañado de muy buen tiempo. Hora de regresar al hostel y planificar el día o los siguientes por los alrededores ya que lo que se puede ver en la ciudad ya esta visto. Preguntar, investigar... y con toda la información recibida decidir. Como todas las excursiones no se pueden hace hay que decidir un número y que sean distintas.

La primera será a Salinas, listo a las siete ya que esa es la hora que pasarían a recogerme, por una vez puntuales estaban a las siete en punto. Sorprendido y cansado me monto en el autobús. En un principio tampoco sabía donde me dirigía ya quede las contratadas les dije que me daba igual el orden día dejándoles que confeccionaran sus cuadrantes dependiendo del número de excursionistas. Una vez sabido el día era absorber lo que fuera contándonos el guía, por desgracia un conductor venido momentáneamente a guía, sin guión y repitiendo lo que había oído tantas veces, se perdona porque nadie nace enseñado y hay que practicar para ir haciéndolo cada vez mejor.

Vamos saliendo en dirección al norte, pronto el paisaje va cambiando viendo montañas de colores que van desde ocres, marrones, blancos, amarillentos, anaranjados pasando por violáceos, azulados y verdosos. Empezamos a ascender, tenemos que llegar a cuatro mil y pico, parada al comienzo de la subida donde los indígenas venden su artesanía y hojas de coca necesarias para oxigenar la sangre y no nos de el mal de altura con taponamiento de oídos, dolor de cabeza, mareos y vómitos. Ante el temor de muchos excursionistas por lo oído, vienen las respuestas de guía. Planta de la que se necesitan unos cien kilos de hojas para producir un gramo de coca, por lo tal sólo actúa de forma natural como vaso dilatador. Ya sabemos como tomarla, ponemos un grupo de hojas entre los dientes y el cachete del moflete donde vamos salivando y enrollando dándoles vueltas. Lo cierto que el sabor es agradable entre un poco amargo en un principio y dulce muy agradables. Curioso ver a las señoras y señores mayores obedeciendo cada vez que el guía nos decía: "coqueen, señores coqueen" y todos coqueando. Tome bastante afortunadamente e incluso así cuando parábamos para ver paisajes me sentía mareado.


Continuando con Una mezcla increíble como si desde la cima hubiéramos ido soltando agua con pigmentos para ir pintando caprichosamente las montañas, unas con varios colores, otras con dos o tres, dependiendo del capricho del artista. Zonas con grandes cactus, yamas y bicuñas de donde se saca la la a más suave y cara del mercado ya que se necesita el pelo de ocho bicuñas para hacer una bufanda, por cierto animal protegido y salvaje del que sólo pueden poseer veinte unidades y si nacen o mueren hay que inscribirlas pues sí no se hace esta penalizado con tres años de cárcel.

Llegamos al Cerro Siete Colores, no es que sea un único cerro, se trata de una panorámica donde se van superponiendo distintas Lomas por la perspectiva, pero ver todo ese contraste de colores naturales siendo muchos más de siete es de una belleza que es imposible captarla con el iPhone. Continuamos el viaje dejando atrás los colores y cactus, entramos en un sólo color Los Coloraos, zona ya del mismo mineral, hierro que al oxidares por el oxígeno se convierte todo el terreno en esa tonalidad oxidada, todo con formas caprichosas por la erosión del agua y viento. Varios kilómetros más y se empieza apreciar como un lago helado, cada vez más grande donde el reflejo del sol nos va deslumbrando, ya cuando logramos verlo entero, apreciamos una superficie blanca y plana de quinientos kilómetros cuadrados, mar que se secó hace millones de años y aprovechando las lluvias del invierno, cuando se va secando van sacando bloques de sal prensada, incluso para la construcción de un restaurante que al final no funciono muy bien y un poco cutre, pero por eso no deja de ser curioso. Sólo una recomendación, no estar más de media hora pues a parir de ese tiempo se te empieza a resecar labios, piel y garganta. Tiempo para hacer las típicas fotos de falsas perspectivas aprovechando el fondo blanco. Una enorme placa de sal que nunca se puede olvidar. Mucho protector, gafas oscuras aparte de las hojas de coca son las únicas cosas imprescindibles que necesitas para visitar este lugar.

Al hostel a dormir pronto para madrugar para la excursión del día siguiente, era lo que pensaba en un principio, al final fiesta y risas en el hostel hasta las cuatro.

Besos mil.







































































































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