jueves, 18 de abril de 2013

DE CHILE A BOLIVIA

Aunque cansado uno se levanta, no es lo mismo madrugar para trabajar que por ocio. Camino con mucho frío mientras vamos ascendiendo cerca de los cinco mil metros. Una vez allí el frío es patente quince grados bajo cero, para un cuerpo con sangre murciana es mucho. Improvise una camiseta de gorro, otra de braga de cuello y un par de calcetines en cada mano de guantes. Afortunadamente estaba de noche, aunque puede que hubiese creado moda.

Llegar a la altitud deseada, bajar del autobús y es empezar a apreciar las fumaradas desde el suelo, unas de vapor, otras vapor y agua; y otras el vapor acompañado de barro. Unos trescientos ochenta cráteres en total, grandes, pequeños, minúsculos... Para todos los gustos, con la bóveda estelar casi para acariciarla, allí para los que no sabemos mucho de astrología nos van indicando los distintos planetas y constelaciones, los satélites se ven ir a una velocidad increíble, cosa que nunca antes había experimentado. Ya va amaneciendo y el vapor de algunas fumarolas deja de apreciarse, nos dirigimos esta vez a unas aguas termales donde nos podemos bañar, el desnudarse y luego salir a esas temperaturas no es un juego y aunque he estado haciendo ejercicios de respiración mientras ascendía, noto un ligero dolor de cabeza que no quiero potenciar. Hay valientes que se bañan yo lo achaco al pulmón -una buena excusa-. Descendemos haciendo paradas en pequeños pueblos de apenas cuarenta habitantes de donde viven del turismo, ya sea haciendo empanadas u otras comidas, artesanía o cobrando por usar los servicios. Toda una experiencia los Geyser de Tatio. Que mejor para celebrarlo que tomarse una cerveza antes de comer, y por fin descubro el único lugar de San Pedro que tienen su cerveza artesanal. Un indígena bioquímico que esta experimentando por este gran mundo de las cervezas. Charlamos mientras pruebo dos blon, ha introducido aromas reconocibles de la tierra con un resultado bastante chocante, una con una hierba de la zona llamada "chica chica" bastante refrescante y la otra que probé con un fruto parecido al membrillo. Después del madrugón y última tarde en San Pedro que mejor que visitar la Lagunas de Cayat, lagunas que por su gran cantidad de sal es imposible hundirte sacándote los mientras hacia la superficie, ley del mínimo esfuerzo, aunque cuando sales pareces cubierto de una piel de escamas. Cerca se encuentran las lagunas de los ojos, de agua dulce donde también se pueden tomar baños, dos lagunas simétricas donde el reflejo del paisaje parece de un espejo mejorado, una laguna verde más por visitar donde el baño no es aconsejable ya que la sal esta cristalizada y puedes cortarte. Y para rematar una puesta de sol en el valle de la sal con pisco sour incluido, silencio del grupo que íbamos observando como cambian los colores de las montañas, reflejos y volcanes de alrededor, alguno activo todavía. Si la del Valle de la Luna fue increíble esta fue multiplicada por creces. Sólo esperar a regresar para probar alguna cerveza nueva artesana y dormir para emprender el viaje a Bolivia por supuesto también temprano.

Besos mil.

Empieza el viaje con pequeña anécdota al darme cuenta que cuando iba a coger el autobús que nos llevaba hasta la frontera se me había caído el abrigo de la mochila y toco volver andando por el trayecto, mientras los demás hacían el papeleo de inmigración. Afortunadamente se me había caído en la puerta del hostel y lo habían recogido. Papeleos listos, sólo queda dirigirnos al nuevo país, desayuno en una especie de cuadra en la frontera de Bolivia, donde no hay ni servicios por mucha urgencia que llevemos y entrada al Paque Nacional Boliviano con su correspondiente entrada, primero Laguna Blanca, justo detrás del volcán puntiagudo que en tantas fotos ha salido rodeando el valle, pero esta vez muy cerca y por detrás, Laguna Verde y Laguna Roja. Las lagunas del día mientras atravesábamos kilómetros y kilómetros por todo el desierto, unas veces con un poco de vegetación, otras todo arena, arena y piedras, mientras que esta vez era yo quien iba poniendo nombre a las piedras y formas que la imaginación me iba regalando, bien por el juego de las sombras, o por los colores. Doce pasajeros y dos conductores los que formamos esta pequeña expedición, repartidos en dos todo terreno. En mi coche Desiderio el chofer guía, aunque un alemán le ha dado por llamarlo Estéreo, este con su novia alemana, otro alemán con una coreana, una japonesa y yo somos los integrantes del 4x4, en el otro como si de un equipo se tratará cinco brasileños y un canadiense que conocí en el hostel de Buenos Aires hace un mes y algo -demasiado charlatán con todo el mundo, no me hizo mucha gracia entonces y ahora no ha mejorado mi opinión sobre el. Grupo en el que tenemos que convivir estos tres días de trayecto por el desierto. Aparte de las lagunas,hemos parado en unas aguas termales, no no hemos bañado por el aire frío que se mueve en estas altitudes, no hay aire mucho calor, poco de aire y abrigate y así vamos jugando todo el día. Geyser hemos visto también, esta vez de día, casi todos de vapor esta ve, cráter con cráter, donde por los pequeños espacios, el olor a azufre y esta vez si me ha afectado la altitud por mucha oxigenación que llevaba me mareaba y he salido del lugar por miedo a caer en algún cráter. Ir despacio, hablar despacio, respiren profundamente... Recomendaciones que seguíamos al pie de la letra y aún así todos íbamos notando los síntomas de encontrarnos casi a cinco mil metros. Metros que se se encuentra la parada para hacer noche, pequeño poblado donde aparte de las mantas nos han recomendado alquilar un saco de dormir por el frío, sin agua caliente, donde todos nos saltamos la ducha al comprobar lo fría que esta al natural, cena caliente u a las nueve todos metidos en los sacos, ya que os han adelantado una hora y mañana hay que estar preparados temprano.

Madruga, desayunar y salida de Huayllajara, en dirección al desierto de Siloli donde vemos las piedras erosionadas hace millones de años, en esta ocasión el árbol de piedra, las demás rocas no están definidas sus formas. Se agradece que hoy no haya mucho viento, aunque así el sol pega bastante. Lagunas altiplanicas, honda, hedionda son las que vamos viendo mientras atravesamos el desierto. Caminos borrados e improvisados de nuevo, donde si no eres un experto lo más fácil es perderte, caminos que se improvisan y se crean en cuanto pasan varios vehículos por el mismo camino y deciden no atravesar, así se van creando dibujos en las superficies planas o rocosas. Un volcán en activo el Ollague, aunque pertenece a Chile esta juntó a la frontera de Bolivia y es más fácil verlo desde aquí, la fumarada no es que sea muy grande, pero con la naturaleza no podemos relajarnos, ella manda y en cualquier momento nos sorprenderá. Pasamos por el Salar de Chiguana, atravesando el salar sin carretera, aquí todos saben orientares. El mismo salar esta atravesado por una línea férrea de Chile a Bolivia, aunque sólo para transporte de minerales no de pasajeros. Por fin llegamos a San Juan, pequeña aldea donde nos acomodamos en el hotel de sal, camas, mesas, taburetes, paredes, todo completamente construido con bloques de sal, ducha ya que ayer fue imposible, cena y pronto a la cama para levantarnos a las tres y media de la madrugada a ver el amanecer en las Salinas de Uyuni.

Besos mil,

Uniformado con varias camisetas, térmicas y normales y otras transformadas en gorros y bragas de cuello. Desayunado y con todo el equipaje ya instalado en la parte alta del todoterreno emprendemos el viaje a las cuatro. Frío, pero con la música que nos pone Desiderio, nos vamos calentando he ya que es imposible pegar una cabezada por mucho que lo intentemos. De repente vamos entrando en el salar de Uyuni, al ser de noche no se aprecia su magnitud, gran valle de doce mil metros cuadrados de sal -el mayor salar visto desde el primero de Salta-. Ya se aprecia el borde de las montañas con una luz más clara, síntoma de que pronto amanecerá, transformàndose ahora en colores más violáceos, anaranjados, rojizos y cada vez con más intensidad hasta que aparece el primer destello seguido de muchos mas hasta que dejamos de mirar por la intensidad de la luz, pero es cuando nos damos cuenta que estamos en el centro de un gran mar de sal blanca, rodeada por montañas a kilómetros de distancia, seguimos el viaje atravesando toda la Salinas. Una parada en unos cincuenta minutos donde sólo se ve una gran extensión de sal para seguir haciendo fotos, son las parejas y grupos los que van disfrutando de las distintas composiciones, unas aprendidas y otras improvisando sobre la marcha. Yo me dedico a un par de panorámicas hasta que se van cansando y nos montamos todos en los coches para continuar. La siguiente parada es en una isla situada en el centro de la salina, una pequeña isla de rocas y cactus donde se asentaron los Incas, construcciones típicas de adobe y desde donde la parte alta las vistas son inolvidables. Hace un par de años hubo un accidente en estas Salinas, por lo que se ve dos coches seguían la misma trayectoria de unas ruedas marcadas y aunque uno de los conductores había tomado más de una cerveza chocaron de frente, murieron trece personas, inimaginable viendo la cantidad de kilómetros que tienen en todas direcciones. Llegamos al primer hotel construido de sal, en un borde de la salina, un poco dejado ahora donde el deterioro de aprecia, pero sin duda marco una época y un estilo de construcción en un enclave único. No nos quedamos mucho tiempo ya que se niegan a calentarnos la comida. La comida será en una aldea ya fuera de la salina, aldea pequeña dentro del desierto, tierra, construcciones bajas y de adobe y puestos de artesanía. Ya sólo queda una parada antes de llegar a Uyuni, el cementerio de trenes, nada distinto a un conjunto de chatarra cerca de la ciudad pero que la han sabido vender como una excursión incluida. Uyuni sin duda una de las ciudades o pueblos más grandes de la zona donde los servicios primarios se concentran. Plana cuadriculada, anchas calles donde destacan puestos de comida y tiendas típicas para turistas. Me llama la atención las esculturas en las calles pintadas de oro o plata -sin duda para darles mayor valor-. Instalación en el hostel, por fin con una ducha en condiciones. Y paseo por la pequeña ciudad, coincido con la pareja alemana del viaje, comentamos anécdotas y posteriormente coincido con los cinco brasileños y vamos a cenar algo, posteriormente me voy a un pub, la primera vez en estos meses que leo lo de pub y me agrada mucho, buena música, buen ambiente y un lugar donde el dueño no escatima en imaginación, creando muchos juegos donde los clientes disfrutamos y nos relajamos, más a partir de la segunda copa. Casi veinticuatro horas después vuelta a la cama, mañana hay que salir a Potosí.

Besos mil

P. D. Fotos en Facebook.

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