A las siete en el Hall del hotel para dirigirme a Copacabana de Bolivia, me recogen y en el mismo autobús va gente hacia Cuzco Perú, ya que de Copacabana a la frontera sólo hay ocho kilómetros. Una parada a la hora para tomar algo, por fin en un pueblo llano, pero sólo estamos en la gasolinera. La siguiente parada es ya en el lago Titicaca, se empieza a divisar muchos kilómetros antes es enorme y aúna altitud de cuatro mil metros, allí descendemos para cruzar a la otra orilla y emprender viaje hacia nuestro destinó, los pasajeros en barca y el autobús en otra preparada para ellos. Cincuenta minutos es lo que nos separa de Copacabana, casi sin dejar de ver el enorme lago llegamos al pueblecito, donde aparte de tierra, sólo hay tiendas y hoteles para turistas, parece que hemos salido por un momento del encanto y gentes de Bolivia. Al no encontrar Hostel pe internet el día anterior cogí uno en la Isla del Sol, antigua ruta de los Incas desde Perú. Unas dos horas en barco hasta llegar a la isla, a mano derecha Bolivia a la izquierda Perú. Mientras estamos en la travesía un local de la isla se ofrece para hacerme de guía, me informa de las escalinatas y cuestas de la isla. Se ríe cuando le digo que cogeré un taxi del puerto al Hostel, no hay vehículos en la isla, ni cajeros, pero me confirma que en el puerto habrá un amigo que me ayudara a subir la maleta, se lo agradezco. Ya acercándonos me doy cuenta de la imposibilidad de subir. Descendemos y tras pagar por el derecho de visita apreció el primer tramo de doscientos cuatro peldaños hasta el primer mirador. La falta de oxígeno es patente, ha decir verdad no pare muchas más veces de los que dicen estar sanos de los día pulmones, pero echaba de menos tenerlos al cien por cien, mi Hostel casi en la cima, pero no arriba del todo. El chico "porteador" se reía cada vez que paraba por lo que se ve el sube y baja varias veces al día, una indígena arranco unas plantas del camino y me las ofreció, sólo restregarías en las manos y respirar, fue lo que me comento al preguntarle si las masticaba. Oler esa planta es el mismo efecto que el inhalador, notas inmediatamente como se abren los bronquios, es nuestro oxígeno me dijo con una sonrisa. Por fin en el Hostel para poder descansar, vistas espectaculares, gente muy amable, coincido con unos viajeros del autobús, el asturiano cocinero y ella pastelera de Austria, ambos residentes en Alemania. Quedamos a la hora del desayuno, la expedición de la isla decido saltármela, siete kilómetros de ruta Inca más la vuelta me parecen muchos y simplemente me dedico a disfrutar de la enorme tranquilidad que ofrece el lugar, sólo me apetece leer, escribir cosas que se atropellan en la mente y no me dejan relajarme de las impresionantes vistas; escritos, cartas a personas que nunca las recibirán, pero. Tengo que escribírselas, unas porque no quieren recibirlas y otras porque no me apetece que las lean o no tiene ya razón de ser pero son suyas, cartas en el olvido, conversaciones que estaban pendientes y había que finalizar de alguna forma. Todo desde una paz "exagerada" que produce este lugar y sus gentes.
Se levantan a trabajar, todo el día sin parar, como es normal a un ritmo que puedan aguantar todo el día, sin necesidad de cosas superfluas, pero con una cara de felicidad que sorprende. No dejo de preguntarme que con lo listos que eran los Incas como no inventaron un sistema para subir y bajar, en vez de esos tremendos escalones ya que no eran muy grandes. Ya he quedado esta noche con los compañeros del Hostel para intercambiar experiencias ya que ellos también están unos meses viajando y escribiendo un blog. Hablamos con el dueño del Hostel de su historia de la de la isla y nos cuenta que están organizados en tres clanes que dividen la isla, norte, sur y oeste, con lo que cobran a la entrada de la isla sirve para mantener pequeñas infraestructuras, arreglar algún camino, material escolar etc... Por ejemplo la limpieza se van turnando por orden entre los tres mil habitantes durante una semana, aparte de que cada vecino limpia su parte. Una buena organización para mantener este lugar paradisiaco, sin asfaltar y ni una simple moto, lo que le da un ambiente libre de humo, sólo la comunicación entre ellos a través de los cuernos desde un lado a otro de la isla, ni farolas, sólo alguna bombilla en la pared de algún hotel, todo iluminado por las estrellas y la luna llena que me acompaña
Ya mañana por la mañana empieza el viaje de regreso, he quedado con el chico "porteador" y en busca de cajeros porque todavía no se cómo pagaré la estancia en la Isla del Sol, ya que aquí no hay nada, incluso la cisterna del water es un cubo junto a un bidón de agua para que nos sirvamos. Ni hablar de wi-fi ni internet.
Besos mil.
No cuesta nada despertarse en cuanto salen los primeros rayos de sol, parece que como nuestros antepasados vamos a aprovechar lo que es el día, aparte de que la anterior noche estaba en la cama a las ocho y media. Desayuno y puesto en marcha para para partir en barco con dirección a Copacabana.
Sensación de suciedad al no poder utilizar la ducha en dos días. Toca ajustar las cuentas en el Hostel, primera sorpresa al decir que el desayuno no esta incluido, empezamos mal, más sorpresas al ver que hay más cosas en la lista que consumidas, peor, que platos sueltos como menú completos... La mosca sigue tras la oreja y todo empeora a la hora final en que tengo que cambiar los pocos dólares, pesos argentinos, chilenos, incluso monedas al cambio que ellos consideran. Salgo completamente con la sensación de engañado pero no quiero que gane a la de haber estado en un sitio como la Isla del Sol en el Lago Titicaca. Espero al chico que me subió la maleta, al ver que no llega empiezo el tormentoso descenso, altura, grandes piedras, algunos escalones de cincuenta centímetros, y tengo la sensación de que no voy a llegar a coger el barco por mucho tiempo de antelación que comencé el descenso. En un momento que no podía más, tropiezo con un señor que sube con sus dos burros y me pide que pare para no espantar a los burros por el ruido de las ruedas de la maleta, al pasar junto a mi me recrimina y dice que la maleta se lleva en la espalda, no le contesto pero ojalá pudiera. Continuo ya casi sin fuerzas y llevo menos de la mitad, afortunadamente pasa otro chico y al verme se ofrece a bajármela, no puedo expresar el agradecimiento, lo pierdo de vista y no me importa, todo lo de valor lo llevo encima, como si me la quiere robar, más alivio en lo que queda de viaje. Al llegar al puerto allí estaba la maleta, le doy lo poco que me queda en agradecimiento, parece que le he dado más de lo que esperaba al ver su rostro de gratitud. Descanso junto a Gabriel y Katharina. Con la tranquilidad del paseo voy pensando si volver a La Paz o pasar la noche en Pocacabana, una vez decidido quedarme vuelvo a cambiarlos ya que sólo salen autobuses a La Paz por la tarde y para esperarme hasta el día siguiente lo cojo esa misma tarde. Comienza deshacer lo recorrido hasta Copacabana. Mismos paisajes de secano, paisajes llanos hasta llegar a lo alto de La Paz, entre una cosa y otra ya van seis horas de viaje. Noche en La Paz o dirección a Sucre o Santa Cruz, a la hora sale un autobús con dirección a Santa Cruz, noche en el autobús y quince horas por delante que se convirtieron en veinte. A media noche atravesamos la parte selvática, montañas llenas de selva acompañados por una enorme lluvia, luego el paisaje cambió bruscamente, llanuras verdes hasta llegar a Santa Cruz. Una ducha después de cuatro días es lo que necesito, esta vez será sin toalla ya que no me la alquilan y con agua helada, pero el cuerpo lo agradece. Segunda ciudad de Bolivia donde se aprecia todo mucho más cuidado como sí de una ciudad más europea se tratara, estudios de diseño y arquitectura, tiendas de muebles cuidadas, calle de bares y restaurantes donde por la noche observo a gente de más nivel adquisitivo y de piel más clara. Un poco antes de dirigirme a esta calle había disfrutado por las calles frente a la estación de autobuses, una enorme feria de puestos de comida y gente vendiendo de todo. Me alegro de haberme quedado ya que por un momento pensé en coger otro autobús en dirección a Asunción Paraguay, hubiese sido una paliza añadida.
Distraído en la noche, con un perrito caliente y cerveza como cena, voy buscando wi-fi para conectarme con el mundo. Me encuentro cansado y un poco apagado por la semana que llevo de no recibir buenas noticias, al final sólo quiero un momento de cierta distracción, logro contactar y después de unas pequeñas escrituras me rompo sin poder remediarlo, ni tiempo para avergonzarme al ver las miradas clavadas de las personas que están cerca, dolores intensos que pasarán, dolores gratuitos, dolores que no llegas a entender ni entenderás, momentos en los que necesitas hablar, contar, no para esperar respuestas sino simplemente desahogarte y distraerte y poder sacar un poco ese puñal que se te ha clavado en el corazón y te impide respirar, pero al otro lado de esta ventana no hay nadie que escuche ese "¡hola! Estoy aquí y aunque mañana será distinto, hoy necesito..." Cuantos: ¿despierto? ¿Despierta? Qué sabía por el horario que no tendrían respuesta o simplemente por la falta de cobertura y cada uno tiene que tragarse su "mierda" ya que no es para compartirla, no hay que dejar el futuro de nadie en manos que no sean de uno mismo. Todo se cura en alcohol dicen, empece la campaña de olvido, que produjo todo el efecto contrario de autodestrucción y ya a una hora razonable me recogí ante el fracaso de mi propósito. Dormir que mañana será otro día, dicen, mentira el nudo y el dolor sigue y seguirá, cosas normales que pasan pero desde aquí se magnifican. Sin duda una de las peores noches desde que comenzó el viaje, pero contaba con estas y posiblemente peores que vendrán.
Besos mil.
lunes, 29 de abril de 2013
martes, 23 de abril de 2013
LA PAZ
Me recomendaron llegar a La Paz de noche, intentaría que así fuera, pero sólo había un horario de autobuses y afortunadamente llegaba de madrugada. Sólo diez horas subiendo y bajando montañas pero siempre manteniendo una buena altura.
Impresionante la primera vista de La Paz. Llegamos a la parte alta donde se ven innumerables montañas hacia abajo iluminadas con las luces de las casas y alumbrado público como si de decoración navideña se tratara, ningún espacio libre para la vegetación, un pequeño mirador en una de las cumbres. De la terminal al hotel -junto a la Catedral- cuestas y pendientes de vértigo, Potosí parecía llano. Por lo menos aquí no tengo que decidir sí hago la excursión de las minas ya que no las hay. Decisión acertada la de Potosí de no visitarlas ya que se encuentran a unos mil metros más de altitud y dentro el oxígeno es protagonista por su ausencia y lo de ver en que condiciones trabajaban tampoco es plato de buen gusto, por mucho mono, casco y botas de equipamiento que te pongan, fue una buena decisión.
La toma de contacto por el centro de la ciudad fue agotadora, sube, baja, descansa con los síntomas típicos de la altitud y pulmón. Excursiones a la parte alta en taxi y bajando andando que el esfuerzo es menor. Llevo ya varios días pero sobre todo descansando, durmiendo muchas horas después de estas últimas semanas, el cuerpo lo va agradeciendo. Hotel céntrico, creo que sería un monasterio aunque dicen que era una casa, pero las habitaciones son típicas celdas de los monjes. Aquí el robo por las noches es latente aunque sinceramente me siento mucho más seguro que en Buenos Aires, siguen los grandes mercados y personas vendiendo cualquier artículo en pequeñísimos puestos o kioscos donde apenas cabe una persona en su interior. Misma mezcla de nativos y mismo respeto, alguna que otra demostración de orgullo en pequeñas cabalgatas con los coches ataviados con sus mejores galas y brillos, debe de haber algo en los brillos que les llama mucho la atención. Manifestaciones de verdad, no como las nuestras donde han demostrado que no les importamos nada, aquí hay lucha, no olvidemos que son capaces de sacar a su presidente y colgarlo en la plaza, no creo en la violencia, pero en algunos casos parece la única forma de que nos escuchen.
Valiente de mi, me informe de las calles donde venden los artículos robados por sí veía algún iPad a buen precio para escribir cómodamente y hacia allí me dirigí, dos calles llenas de tiendas de electrónica, teléfonos, cámaras de fotos y como cabía de esperar ellos solo vendían cosas nuevas, hay que venir con alguien de aquí, por supuesto es lógico y yo no paso por uno de ellos, cuestas hacia abajo hasta llegar de nuevo al centro. Por la noche era momento de acudir a algún pub, bar o sitio con música, me recomendaron uno cerca del hotel. Una casa de un primer piso habilitada en discoteca, mesas y sillas de plástico, luces de colores, pantalla de video donde se ve la música que suena y de vez en cuando la gente se levanta y baila alrededor de las mesas. Por respeto no saque muchas fotos, claro que el tipo de música no desentonaba con el local. He de confesar que disfrute de apreciar como no son necesarias grandes instalaciones para disfrutar. Sólo queda decidir el próximo destino aunque esta claro.
Momento de replantear e el viaje y la vuelta. A Judro le ha llegado el final de su estancia veraniega y de disfrute y no es cuestión de poner un cartel que diga: "busco quien me cuide por unos meses". ¡Gracias a Victor, María José, Victor hijo, Sara y Jesús! porque sin vuestra atención, cariño y paciencia hacia Judro esta aventura no hubiese sido posible. Así que es momento de retomar mi responsabilidad con él y adelantar la vuelta, toca regresar a Buenos Aires y dar por finalizada esta etapa, aunque pendiente de todo lo sembrado por si surge algo, aunque por aquí todo va muy lento y si germina algo con toda seguridad estaré allí cuando ocurra.
Besos mil.
Impresionante la primera vista de La Paz. Llegamos a la parte alta donde se ven innumerables montañas hacia abajo iluminadas con las luces de las casas y alumbrado público como si de decoración navideña se tratara, ningún espacio libre para la vegetación, un pequeño mirador en una de las cumbres. De la terminal al hotel -junto a la Catedral- cuestas y pendientes de vértigo, Potosí parecía llano. Por lo menos aquí no tengo que decidir sí hago la excursión de las minas ya que no las hay. Decisión acertada la de Potosí de no visitarlas ya que se encuentran a unos mil metros más de altitud y dentro el oxígeno es protagonista por su ausencia y lo de ver en que condiciones trabajaban tampoco es plato de buen gusto, por mucho mono, casco y botas de equipamiento que te pongan, fue una buena decisión.
La toma de contacto por el centro de la ciudad fue agotadora, sube, baja, descansa con los síntomas típicos de la altitud y pulmón. Excursiones a la parte alta en taxi y bajando andando que el esfuerzo es menor. Llevo ya varios días pero sobre todo descansando, durmiendo muchas horas después de estas últimas semanas, el cuerpo lo va agradeciendo. Hotel céntrico, creo que sería un monasterio aunque dicen que era una casa, pero las habitaciones son típicas celdas de los monjes. Aquí el robo por las noches es latente aunque sinceramente me siento mucho más seguro que en Buenos Aires, siguen los grandes mercados y personas vendiendo cualquier artículo en pequeñísimos puestos o kioscos donde apenas cabe una persona en su interior. Misma mezcla de nativos y mismo respeto, alguna que otra demostración de orgullo en pequeñas cabalgatas con los coches ataviados con sus mejores galas y brillos, debe de haber algo en los brillos que les llama mucho la atención. Manifestaciones de verdad, no como las nuestras donde han demostrado que no les importamos nada, aquí hay lucha, no olvidemos que son capaces de sacar a su presidente y colgarlo en la plaza, no creo en la violencia, pero en algunos casos parece la única forma de que nos escuchen.
Valiente de mi, me informe de las calles donde venden los artículos robados por sí veía algún iPad a buen precio para escribir cómodamente y hacia allí me dirigí, dos calles llenas de tiendas de electrónica, teléfonos, cámaras de fotos y como cabía de esperar ellos solo vendían cosas nuevas, hay que venir con alguien de aquí, por supuesto es lógico y yo no paso por uno de ellos, cuestas hacia abajo hasta llegar de nuevo al centro. Por la noche era momento de acudir a algún pub, bar o sitio con música, me recomendaron uno cerca del hotel. Una casa de un primer piso habilitada en discoteca, mesas y sillas de plástico, luces de colores, pantalla de video donde se ve la música que suena y de vez en cuando la gente se levanta y baila alrededor de las mesas. Por respeto no saque muchas fotos, claro que el tipo de música no desentonaba con el local. He de confesar que disfrute de apreciar como no son necesarias grandes instalaciones para disfrutar. Sólo queda decidir el próximo destino aunque esta claro.
Momento de replantear e el viaje y la vuelta. A Judro le ha llegado el final de su estancia veraniega y de disfrute y no es cuestión de poner un cartel que diga: "busco quien me cuide por unos meses". ¡Gracias a Victor, María José, Victor hijo, Sara y Jesús! porque sin vuestra atención, cariño y paciencia hacia Judro esta aventura no hubiese sido posible. Así que es momento de retomar mi responsabilidad con él y adelantar la vuelta, toca regresar a Buenos Aires y dar por finalizada esta etapa, aunque pendiente de todo lo sembrado por si surge algo, aunque por aquí todo va muy lento y si germina algo con toda seguridad estaré allí cuando ocurra.
Besos mil.
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