lunes, 29 de abril de 2013

DE COPACABANA A SANTA CRUZ

A las siete en el Hall del hotel para dirigirme a Copacabana de Bolivia, me recogen y en el mismo autobús va gente hacia Cuzco Perú, ya que de Copacabana a la frontera sólo hay ocho kilómetros. Una parada a la hora para tomar algo, por fin en un pueblo llano, pero sólo estamos en la gasolinera. La siguiente parada es ya en el lago Titicaca, se empieza a divisar muchos kilómetros antes es enorme y aúna altitud de cuatro mil metros, allí descendemos para cruzar a la otra orilla y emprender viaje hacia nuestro destinó, los pasajeros en barca y el autobús en otra preparada para ellos. Cincuenta minutos es lo que nos separa de Copacabana, casi sin dejar de ver el enorme lago llegamos al pueblecito, donde aparte de tierra, sólo hay tiendas y hoteles para turistas, parece que hemos salido por un momento del encanto y gentes de Bolivia. Al no encontrar Hostel pe internet el día anterior cogí uno en la Isla del Sol, antigua ruta de los Incas desde Perú. Unas dos horas en barco hasta llegar a la isla, a mano derecha Bolivia a la izquierda Perú. Mientras estamos en la travesía un local de la isla se ofrece para hacerme de guía, me informa de las escalinatas y cuestas de la isla. Se ríe cuando le digo que cogeré un taxi del puerto al Hostel, no hay vehículos en la isla, ni cajeros, pero me confirma que en el puerto habrá un amigo que me ayudara a subir la maleta, se lo agradezco. Ya acercándonos me doy cuenta de la imposibilidad de subir. Descendemos y tras pagar por el derecho de visita apreció el primer tramo de doscientos cuatro peldaños hasta el primer mirador. La falta de oxígeno es patente, ha decir verdad no pare muchas más veces de los que dicen estar sanos de los día pulmones, pero echaba de menos tenerlos al cien por cien, mi Hostel casi en la cima, pero no arriba del todo. El chico "porteador" se reía cada vez que paraba por lo que se ve el sube y baja varias veces al día, una indígena arranco unas plantas del camino y me las ofreció, sólo restregarías en las manos y respirar, fue lo que me comento al preguntarle si las masticaba. Oler esa planta es el mismo efecto que el inhalador, notas inmediatamente como se abren los bronquios, es nuestro oxígeno me dijo con una sonrisa. Por fin en el Hostel para poder descansar, vistas espectaculares, gente muy amable, coincido con unos viajeros del autobús, el asturiano cocinero y ella pastelera de Austria, ambos residentes en Alemania. Quedamos a la hora del desayuno, la expedición de la isla decido saltármela, siete kilómetros de ruta Inca más la vuelta me parecen muchos y simplemente me dedico a disfrutar de la enorme tranquilidad que ofrece el lugar, sólo me apetece leer, escribir cosas que se atropellan en la mente y no me dejan relajarme de las impresionantes vistas; escritos, cartas a personas que nunca las recibirán, pero. Tengo que escribírselas, unas porque no quieren recibirlas y otras porque no me apetece que las lean o no tiene ya razón de ser pero son suyas, cartas en el olvido, conversaciones que estaban pendientes y había que finalizar de alguna forma. Todo desde una paz "exagerada" que produce este lugar y sus gentes.

Se levantan a trabajar, todo el día sin parar, como es normal a un ritmo que puedan aguantar todo el día, sin necesidad de cosas superfluas, pero con una cara de felicidad que sorprende. No dejo de preguntarme que con lo listos que eran los Incas como no inventaron un sistema para subir y bajar, en vez de esos tremendos escalones ya que no eran muy grandes. Ya he quedado esta noche con los compañeros del Hostel para intercambiar experiencias ya que ellos también están unos meses viajando y escribiendo un blog. Hablamos con el dueño del Hostel de su historia de la de la isla y nos cuenta que están organizados en tres clanes que dividen la isla, norte, sur y oeste, con lo que cobran a la entrada de la isla sirve para mantener pequeñas infraestructuras, arreglar algún camino, material escolar etc... Por ejemplo la limpieza se van turnando por orden entre los tres mil habitantes durante una semana, aparte de que cada vecino limpia su parte. Una buena organización para mantener este lugar paradisiaco, sin asfaltar y ni una simple moto, lo que le da un ambiente libre de humo, sólo la comunicación entre ellos a través de los cuernos desde un lado a otro de la isla, ni farolas, sólo alguna bombilla en la pared de algún hotel, todo iluminado por las estrellas y la luna llena que me acompaña

Ya mañana por la mañana empieza el viaje de regreso, he quedado con el chico "porteador" y en busca de cajeros porque todavía no se cómo pagaré la estancia en la Isla del Sol, ya que aquí no hay nada, incluso la cisterna del water es un cubo junto a un bidón de agua para que nos sirvamos. Ni hablar de wi-fi ni internet.

Besos mil.


No cuesta nada despertarse en cuanto salen los primeros rayos de sol, parece que como nuestros antepasados vamos a aprovechar lo que es el día, aparte de que la anterior noche estaba en la cama a las ocho y media. Desayuno y puesto en marcha para para partir en barco con dirección a Copacabana.

Sensación de suciedad al no poder utilizar la ducha en dos días. Toca ajustar las cuentas en el Hostel, primera sorpresa al decir que el desayuno no esta incluido, empezamos mal, más sorpresas al ver que hay más cosas en la lista que consumidas, peor, que platos sueltos como menú completos... La mosca sigue tras la oreja y todo empeora a la hora final en que tengo que cambiar los pocos dólares, pesos argentinos, chilenos, incluso monedas al cambio que ellos consideran. Salgo completamente con la sensación de engañado pero no quiero que gane a la de haber estado en un sitio como la Isla del Sol en el Lago Titicaca. Espero al chico que me subió la maleta, al ver que no llega empiezo el tormentoso descenso, altura, grandes piedras, algunos escalones de cincuenta centímetros, y tengo la sensación de que no voy a llegar a coger el barco por mucho tiempo de antelación que comencé el descenso. En un momento que no podía más, tropiezo con un señor que sube con sus dos burros y me pide que pare para no espantar a los burros por el ruido de las ruedas de la maleta, al pasar junto a mi me recrimina y dice que la maleta se lleva en la espalda, no le contesto pero ojalá pudiera. Continuo ya casi sin fuerzas y llevo menos de la mitad, afortunadamente pasa otro chico y al verme se ofrece a bajármela, no puedo expresar el agradecimiento, lo pierdo de vista y no me importa, todo lo de valor lo llevo encima, como si me la quiere robar, más alivio en lo que queda de viaje. Al llegar al puerto allí estaba la maleta, le doy lo poco que me queda en agradecimiento, parece que le he dado más de lo que esperaba al ver su rostro de gratitud. Descanso junto a Gabriel y Katharina. Con la tranquilidad del paseo voy pensando si volver a La Paz o pasar la noche en Pocacabana, una vez decidido quedarme vuelvo a cambiarlos ya que sólo salen autobuses a La Paz por la tarde y para esperarme hasta el día siguiente lo cojo esa misma tarde. Comienza deshacer lo recorrido hasta Copacabana. Mismos paisajes de secano, paisajes llanos hasta llegar a lo alto de La Paz, entre una cosa y otra ya van seis horas de viaje. Noche en La Paz o dirección a Sucre o Santa Cruz, a la hora sale un autobús con dirección a Santa Cruz, noche en el autobús y quince horas por delante que se convirtieron en veinte. A media noche atravesamos la parte selvática, montañas llenas de selva acompañados por una enorme lluvia, luego el paisaje cambió bruscamente, llanuras verdes hasta llegar a Santa Cruz. Una ducha después de cuatro días es lo que necesito, esta vez será sin toalla ya que no me la alquilan y con agua helada, pero el cuerpo lo agradece. Segunda ciudad de Bolivia donde se aprecia todo mucho más cuidado como sí de una ciudad más europea se tratara, estudios de diseño y arquitectura, tiendas de muebles cuidadas, calle de bares y restaurantes donde por la noche observo a gente de más nivel adquisitivo y de piel más clara. Un poco antes de dirigirme a esta calle había disfrutado por las calles frente a la estación de autobuses, una enorme feria de puestos de comida y gente vendiendo de todo. Me alegro de haberme quedado ya que por un momento pensé en coger otro autobús en dirección a Asunción Paraguay, hubiese sido una paliza añadida.

Distraído en la noche, con un perrito caliente y cerveza como cena, voy buscando wi-fi para conectarme con el mundo. Me encuentro cansado y un poco apagado por la semana que llevo de no recibir buenas noticias, al final sólo quiero un momento de cierta distracción, logro contactar y después de unas pequeñas escrituras me rompo sin poder remediarlo, ni tiempo para avergonzarme al ver las miradas clavadas de las personas que están cerca, dolores intensos que pasarán, dolores gratuitos, dolores que no llegas a entender ni entenderás, momentos en los que necesitas hablar, contar, no para esperar respuestas sino simplemente desahogarte y distraerte y poder sacar un poco ese puñal que se te ha clavado en el corazón y te impide respirar, pero al otro lado de esta ventana no hay nadie que escuche ese "¡hola! Estoy aquí y aunque mañana será distinto, hoy necesito..." Cuantos: ¿despierto? ¿Despierta? Qué sabía por el horario que no tendrían respuesta o simplemente por la falta de cobertura y cada uno tiene que tragarse su "mierda" ya que no es para compartirla, no hay que dejar el futuro de nadie en manos que no sean de uno mismo. Todo se cura en alcohol dicen, empece la campaña de olvido, que produjo todo el efecto contrario de autodestrucción y ya a una hora razonable me recogí ante el fracaso de mi propósito. Dormir que mañana será otro día, dicen, mentira el nudo y el dolor sigue y seguirá, cosas normales que pasan pero desde aquí se magnifican. Sin duda una de las peores noches desde que comenzó el viaje, pero contaba con estas y posiblemente peores que vendrán.

Besos mil.

















































































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