viernes, 11 de enero de 2013

ÚLTIMO DÍA EN BOCAS

Todo el viaje de vuelta a Isla Colón con ganas de una ducha, incluso aunque nos pillo una lluvia en medio viaje el bochorno no se iba. Otra espera para la ducha deseada, me cambian de habitación y después de haber encerrado las cosas en un armario y no encontrar la llave del candado tres cuartos de hora mas tarde logro entrar en la ducha. Limpio, fresco, un tanto incomodo por la escayola, es cuestión de acostumbrarse y ahora si que es el momento de una merecida cerveza. Cruzo al bar frente al hostel y me dan la buena noticia de que no pueden servir alcohol hasta las doce ya que es fiesta unos festivos esta prohibido. Un refresco no esta nada mal pero no es lo mismo. Por fin un tacita me hace un recorrido por bares un poco escondidos y a las afueras hasta encontrar uno donde si me servían, pero a las once cerraban, que placer tomarte dos cervezas incluso con cierta avaricia. La noche va mejorando poco a poco. Cierran y me invitan a una fiesta privada en un barco del dueño de "barco hundido" por la bahía hasta las doce que es el momento en que abren los bares. Todo son atenciones, gente encantadora, vicio por todos lados, a los que yo renuncio, solamente cervezas. Conozco a una matrimonio inglés que llevan unos meses por aquí aunque ella se quedará nueve más, yo practico inglés y ellos español, nos vamos corrigiendo y riendo, una noche que mejora al no ser porque tres locales me van rodeando y empiezo a notar que quieren sacarme algo por su atención, que les pague la fiesta etc... Por supuesto les digo que no, pero me rodean e intento pagárselo al dueño del barco al que me impiden acercarme, estaba claro que querían sacarse su extra, llegamos a un acuerdo económico con tal de quitármelos de encima, pero con tan mala suerte que no llevo dinero suelto y me tienen que cambiar, después de discutir para obtener mi cambio, intentan darme menos en la devolución, tira y aflojas hasta que se cobran un poco más y doy por justo el precio por las cervezas consumidas y la hora de travesía. Atracamos y rodeado por los tres me impiden acercarme a los demás invitados invitándome a bajar, ya la amabilidad se termino, en que me veo de bajar del barco, pero las ganas me ayudan a correr ciertos riesgos. Otra cerveza con los camareros del "barco hundido" y el entorno bastan para que todo vuelva a la normalidad. Esto de estar cojo creo que despierta un sentimiento de debilidad hacia los que quieren abusar.

Va siendo hora de descansar, volver al hostel y dormir. Al entrar a la habitación noto al chileno con raptas en movimientos sospechoso, riéndome por haberlo pillado le digo que por mi puede continuar. A los pocos minutos me doy cuenta que no esta sólo nitras escuchar los gemidos dueña chica, no me salgo por si se les ocurre invitarme, sería un buen final de noche, pero terminan ellos solos. Hora de dormir y esperar al día siguiente.

No quiero que la escayola me limite a hacer cosas, aunque esta claro que ciertas cosas no puedo hacerlas, otras si aunque de forma tranquila. Me voy a una excursión a una bahía con delfines, alucinante ver como ellos van nadando y saltando a nuestro alrededor como si formáramos parte del grupo, es una pena no tener ni una buena fotografía para mostrarla, pero entre el buen día que hizo y la cantidad de delfines a unos pocos metros fue una bonita experiencia. El resto del día transcurrió con tranquilidad, leyendo, escribiendo y planificando de nuevo el viaje ya que al día siguiente regresaba a Puerto Viejo y había que decidir si quedarme allí unos días hasta hacerme con mi botín nuevo o ir a otra parte de Costa Rica que seguramente habría cuestas, opto por la primera. Preparo el equipaje y emprendo el viaje de regreso, esta ve se que me costará más trabajo cruzar la vía del tren apunto de hundirse que hace de frontera entre Panamá y Costa Rica ¡Pero hay que cruzarla!

La aventura comienza con la persona que había quedado para ir a la frontera, era billete de ida y vuelta a Puerto Viejo, viaje en lancha normal hasta Almirante, eso sí con buitres carroñeros debido a la acumulación de basura en las calles, pero mas interesante fue el trayecto hasta la frontera, el taxista no dejaba de piropear a las lugareñas y partirse de risa golpeando el volante, ademas le gustaba charlar con sus amigos parando el coche en la carretera, bien los que andaban por la acera o venían en vehículo en dirección contraria, una vez parado me pide permiso por si no me importa parar unos minutos, por el enfado que tenia al subir era su casa, quería comprobar si le habían lavado la ropa, "las mujeres solo quieren plata, pero no quieren trabajar" fue su resumen, llegamos a la frontera y si me costo trabajo cruzarla normalmente, con la escayola se dificulto un poco, en un momento sentí vértigo, que se paso una vez cerré los ojos unos segundos (nunca me había pasado). Me recogen en el otro lado y se le acerca al conductor preguntándole si podía hacerle un favor. Comenzamos el viaje, si el de ida fuimos doce en la furgoneta, en este era toda para mi. A medio camino dice de tomar un atajo, después de la desconfianza de los panameños; se que esta mal generalizar y no se puede juzgar a la totalidad por unos pocos, pero no encontré ninguno que no quisiera metérmela de una forma u otra (y no me refiero físicamente) recuerdo el favor y me tranquilizo, fue un buen atajo meternos por un camino en el monte, llegar a una casa salir unos minutos regresando con una bolsa y bajar por el mismo camino hasta el punto de salida de la carretera. Llegamos a Puerto Viejo, en el centro no hay camas, mientras busco, muchos ofreciéndose a llevarme la maleta, cojo un taxi y me voy al "roking" el hostel que me gusto. Me instalo, tomo una cerveza mientras os escribo y os lo mando.

Besos mil.



















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