viernes, 4 de enero de 2013

CUARTO DESTINO PUERTO VIEJO


Como última tarde que voy a pasar en Monteverde, hice la ruta nocturna por lo selva con los dos compañeros del cuarto, el inglés y el argentino. Al llegar al bosque nos dividieron en grupos de cuatro con un guía. El grupo bastante ameno y divertido, una polaca a la que le horrorizaban las tarántulas, su pareja de Méjico, el asustadizo Federico (argentino) al que no podías respirar a su espalda, pensando que era un puma y se giraba como buena bailarina y yo. Después de darnos las debidas indicaciones de no salir del camino, cuidado con los arboles pueden caer, etc.. Nos adentramos en el bosque intermedio entre el bosque nuboso y el seco, donde apenas hacia viento, provistos de nuestras linternas para observar la vida nocturna viendo distintas clases de aves, insectos y mamíferos, me faltaron ver algunas especies pero en la naturaleza libre eso no se puede pedir, si que nos informaron de las especies vegetales ya que estas no se mueven. Noche despejada donde poder apreciar la bóveda con sus estrellas, ya que no existe ningún tipo de contaminación y al estar a tan elevada altura, te sientes más cerca de las estrellas y universo. Otra buena excursión que mereció la pena.

Ya por la noche tocaba el ritual de intercambios de correo y despedidas. Cuando conectas con la gente da pena dejarla, no importa tanto cuando se van, es cuando te toca a ti, te preguntas que por que no un día o dos más, pero siempre pasaría lo mismo ¡El viaje continua!

Madrugón para coger el billete con dirección a San José y transbordo para finalizar en Puerto Viejo. El paisaje va cambiando cada pocos metros de altitud, vegetación distinta, valles, laderas, densidad del bosque, nublado, sol, seco, lluvia, todo por la cantidad de micro climas que se encuentran en tan pocos kilómetros. Si para Manuel Antonio, había plantaciones de palmeras, de camino a Limón y Puerto Viejo las extensiones cultivadas eran de plátanos. Sin dejar de cruzar ríos, creo que hay unos 60, sin contar ramblas y afluentes, con lo que el viaje pese a sus 8:30 de duración sin contar la 1:30 de espera en San José se hace muy ameno.

¡Por fin en Puerto Viejo! Otro pueblecito con su propia personalidad, esta vez plano lo cual agradezco, un pequeño grupo central lleno de hoteles, restaurantes, bares... Y una carretera que separa la playa con vegetación con más chiringuitos. Mi hostel apenas se separa unos veinte metros de la arena de la playa, ya que esta ubicado entre la vegetación. La toma de contacto nocturna fue bastante chocante ya que aquí la mayoría de la población es de procedencia jamaicana que vinieron a construir el ferrocarril y decidieron establecerse, por lo cual parece un submundo dentro de Costa Rica, con sus propias características. Hamacas, gente de color, raptas, su clásica música, puestos de venta de artesanía, en definitiva un ambiente donde se respira la libertad y tranquilidad. Alquilaré una bicicleta para recorrer las playas cercanas y el pequeño asentamiento.










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