domingo, 10 de febrero de 2013

SÁBADO SANTIGUEÑO

Recorro por la noche algunos bares de moda que están cerca, en uno de ellos coincido con dos arquitectos, uno lleva un año en Santiago, el otro apenas diez días, la noche transcurre entre charlas y risas. Me marcho a las dos ya que a las ocho tengo que ir a la clínica. Quedo para el día siguiente con ellos y unos compañeros de trabajo suyos que han quedado de cena de viernes. El lugar, una tasca andaluza que ha puesto un cordobés.

Toda la mañana en la clínica, como lo mío no es urgente me van demorando hora tras hora, me convenzo de que estoy de vacaciones y no debo alterarme puesto que no adelantaré ni un minuto. Por fin me atienden, el médico me confirma algo que ya sospechaba, primero que no era necesaria ese tipo de escayola y que no estaba bien puesta, me manda a que me la quiten ¡Por fin me libraré de ella!. Es curioso como están todas las puertas en madera sin barnizar, siendo un nido de bacterias y gérmenes, me llama mucho la atención que sea una clínica las que las tengan, y más en Santiago que es una ciudad desarrollada. No hay palabras para describir lo que salió en formas de aromas de la escayola, por mucho lavado primero en la clínica y luego en el hostel con agua caliente costo recuperar un olor neutro. Cuando salí pasadas las tres era hora de una cerveza, paré en un bar que esta cerca de donde me alojo, un bar sin encanto pero que es el único que hay cerca y suelo hacer una parada diaria al medio día -se echa de menos un bar con tapas y cañas del medio día-. Allí me encuentro con un asturiano y leones, picamos algo y me cuentan que están montando una empresa aquí, como no, de construcción. Esta claro que se han venido todos los españoles a lo mismo, tendremos que venir los demás a darles aperitivos típicos.

Ya por la noche me dirijo a la cita de la cena, una tasca bastante apartada del centro y en un lugar sin demasiado tránsito nocturno. Lo cierto es que hay zonas de Santiago que recuerdan mucho a Madrid, a otro nivel pero puede parecer que te encuentras en España.
La taberna no muy grande, pero repleta de españoles, nosotros éramos nueve, todos dedicados a la construcción, empresa española afincada ahora en Santiago, unos trabajadores fijos y otros que van y vienen cada pocos meses. Gente con ganas de disfrutar y pasárselo bien, sin malos rollos y abiertos simplemente a pasar una noche entretenida. Noche agradable al no ser que poco a poco el pie fue tomando protagonismo y tenía que sentarme de vez en cuando. Es increíble como de repente se te despiertan sensaciones y recuerdos con el olor a "fritanga", hasta incluso decirte que bien huele y no importarte que se impregne la ropa, piel o pelo. Como era de esperar nueve personas pidiendo desde las nueve hasta las dos y media, nos pegaron una buena clavada, pero la noche lo mereció, aparte de ellos estaban muchos mas españoles con los que nos íbamos mezclando en el transcurso de la noche, yo a las tres volví a "mi barrio" no sin antes pasar por el Sprinfield para despedirme de Daniel, un camarero que libra hoy y seguramente no volveré a ver más.

Otra vez despedidas, ahora toca planificar la continuación del viaje ya liberado de ciertas limitaciones, creo que empezaré por la costa y el desierto del norte para continuar hacía el sur. Tengo un par de días para decidir.

Besos mil.










2 comentarios:

  1. Que liberación, sin escayola. Debes estar loco de contento... M besos y disfruta (ahora más y mejor)

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  2. Te lo estas pasando ole,entre unas cosas y otras,me alegro¡¡¡¡ muchisimos besos vov s

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