lunes, 17 de diciembre de 2012
ISLA TORTUGA
Ha pesar del madrugón, hoy ha sido un día especial, por lo menos es así como me los quiero tomar. Pensaba ir a tortuguero, pero ya no es época de poner huevos y por lo tanto me dijeron que no merecía la pena y cambie el destino por Isla Tortuga. Se trata de la única de entre muchas islas protegidas que se puede visitar.
De camino a Punta Arena para tomar el catamaran en dirección a la isla he pasado por otros paisajes distintos a los que vi camino al volcán, eran mas reconocibles, no por eso feos, pero me daba la sensación como si visitara Galicia. Por cierto habéis visto alguna vez un pueblo donde su parte mas ancha sea de 900 metros y creo que 8km de largo, pues es Punta Arena.
Tenía ganas de ver el Pacífico y lo he visto. Ha estado todo el viaje en calma. Las 35 millas de recorrido no se hacen nada pesadas navegando entre esas islas de todas los tamaños, viendo aves protegidas que son las habitantes de muchas de ellas, al igual que plantas y ciertos animales que sólo se dan en esta zona. Buen momento para disfrutar del silencio y reorganizar pensamientos. Sin pensármelo me he apuntado a las dos actividades que estaban incluidas, luego me he acojonado un poco, la primera era estar nadando una hora junto a una roca para ver peces y la segunda montar en una banana tirada por una lancha saltando olas y nos han recomendado que si alguien tenía problemas de cuello, cadera o rodillas, mejor no fuera (la parte de cadera no la he oído). Con lo deportista y amante del riesgo que soy.
La isla era como de postales, una pequeña playa con palmeras y jungla a la cual no se podía acceder. Con plantas que no reconocía salvo los cocos que venden en las grandes superficies. Menos mal que me apunte a lo del buceo, nos han llevado cerca de una pequeña roca, sí, una hora buceando, pero con chaleco hinchado, aletas, gafas de buzo y la pasada ha sido estar con muchísimas especies de peces viendo sus colores, matices de los colores de las rocas del fondo. Esos instantes de silencio donde tan solo se escucha a uno mismo, donde te vienen cosas buenas y malas, pero con esa estampa todas son entrañables porque forman parte de uno. Una hora se hace muy corta.
Una merecida piña colada antes de la comida como premio por la hora de buceo. La comida en ese entorno os la podéis imaginar, daba igual lo que te pusieran, la ibas a disfrutar y encima amenizada con música, canciones tocadas con timbales maracas, todos instrumentos de percusión. Disfrutando de las aves y ciertos animales.
La experiencia de la banana no ha estado mal, ha sido como hacer esquí acuático pero sentado y con más compañeros, no golpeaba tanto como decía y además llevábamos chaleco, cosa que he agradecido la segunda vez que he montado y ha volcado. Mas tiempo para disfrutar en la sombra de los árboles y de regreso a San José. En total doce horas, y aunque cansado, las volvería a repetir. Sólo me arrepiento de no haberme traído la cámara de fotos para haber plasmado más cosas y encima se me acabo la batería del móvil, con lo cual el recorrido de regreso que ha sido por entre otras islas, no tengo constancia salvo en mi retina.
Este ha sido mi día y el vuestro y como dicen aquí "pura vida", besos mil.
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